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Compra
venta política
El dilema ético de mi contexto y del cual voy a disertar,
tiene que ver con el tema político que actualmente funge como preámbulo de las
próximas elecciones para alcaldes en todo el territorio nacional.
Sabido es que la mayoría de campañas políticas, son
financiadas por el sector privado a través de sus grandes emporios económicos, que invierten grandes sumas de dinero en las
campañas de su candidato favorito, para
que así éste logre ganar la contienda electoral. Pero dicho financiamiento no
se debe entender como basado en la propuesta de un ideal político o social,
sino debe verse como una inversión a corto y mediano plazo por parte del
empresariado, sobre la base de un favor político que puede obtener del futuro
mandatario representado en prebendas tales como la
fácil obtención de licencias y permisos ambientales, legislación de leyes que beneficien al grupo
empresarial, la consecución de contratos entre otras solicitudes y demandas.
Con la anterior realidad y regla de juego se deben encarar
los políticos, lo que representa un dilema ético profesional que tiene una
directa incidencia en el candidato y sus propuestas electorales, pues sabe que
de no aceptar dicho financiamiento sus posibilidades de ser elegido se reducen
drásticamente, pero por otra parte, al
aceptar dicho apoyo económico endosa su plan de gobierno y lo supedita a los
intereses, no del electorado que votó por él, sino de los comerciantes que
compraron su moral.
Estas viciosas costumbres en la política, fomentan el
problema número uno de nuestra sociedad: la corrupción a todo nivel. Considero que dichos vicios ponen freno a
aquellos idealistas que tienen una buena moral y proyectos sociales equitativos
haciendo que sus propuestas parezcan como irrelevantes y los ahuyentan de los
procesos cívicos.
Ahora bien, según lo anterior considero que nosotros como
comunidad, también tenemos gran parte de responsabilidad en el apadrinamiento
de estos vicios políticos que generan corrupción y debemos organizarnos como
sociedad para poner freno a este mal, pues los únicos beneficiados de todas estas
prácticas son los pocos grupos elitistas que dominan a las grandes masas. Una
posible solución se puede vislumbrar en lo propuesto por Adela Cortina en su
artículo: Democracia deliberativa.
Deberíamos remontarnos a la antigüedad, a Grecia cuna de la
democracia y replicar el ejemplo de los ciudadanos atenienses quienes solían
deliberar en las asambleas antes de tomar decisiones. Lo anterior me indica que
ellos tenían acceso al poder ejecutivo cuando votaban por su candidato, pero
también tenían voz y voto en el legislativo pues ponderaban públicamente los
pros y contras de las alternativas posibles en las distintas cuestiones. Según
Adela Cortina: delibera quien "considera atenta y detenidamente el pro y
contra de los motivos de una decisión antes de adoptarla, y la razón o sinrazón
de los votos antes de emitirlos".
Lo anterior permite inferir como la ética, la moral y los
valores del ser humano son tan fácilmente influenciables y moldeables,
generándose dicho mal en principio, en
los círculos reducidos de poder (políticos y economistas), pero dichos comportamientos
extienden sus perversas prácticas a los círculos periféricos, es decir la gran
sociedad. En tal sentido, el acogimiento
de un comportamiento no ético e inmoral forma una cascada de incidencia e
impacto colectivo en el comportamiento humano, permeando todas las clases sociales
y todo los círculos profesionales. Lo grave del asunto como lo argumente
inicialmente, es que ante las prácticas no éticas, para los políticos pareciera
no haber otra opción que les permitiera ser éticos, decentes y morales, y aun
así tener un chance para ser elegido y llegar limpiamente a ejercer el poder a
favor de sus electores.
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