lunes, 12 de octubre de 2015

Corrupción política y algunos caminos éticos





Corrupción política y algunos caminos éticos


Por Carlos García








El dilema ético del cual he argumentado, tiene que ver con el tema político que actualmente funge como preámbulo de las próximas elecciones para alcaldes en todo el territorio nacional. Sabido es que la mayoría de campañas políticas, son financiadas por el sector privado a través de sus grandes emporios económicos, que invierten grandes sumas de dinero en las campañas de su candidato favorito, para que así éste logre ganar la contienda electoral. Pero dicho financiamiento no se debe entender como basado en la propuesta de un ideal político o social, sino debe verse como una inversión a corto y mediano plazo por parte del empresariado, sobre la base de un favor político que puede obtener del futuro mandatario Con la anterior realidad y regla de juego se deben encarar los políticos, lo que representa un dilema ético profesional que tiene una directa incidencia en el candidato y sus propuestas electorales, pues sabe que de no aceptar dicho financiamiento sus posibilidades de ser elegido se reducen drásticamente, pero por otra parte, al aceptar dicho apoyo económico endosa su plan de gobierno y lo supedita a los intereses, no del electorado que votó por él, sino de los comerciantes que compraron su moral.

Según lo escrito por Amartya Sen en su artículo “¿Qué impacto puede tener la ética?, puedo inferir las siguientes reflexiones con respecto al dilema ético planteado:

El tema político y sus vicios corruptos podrán ser frenados, una vez que los candidatos de turno tomen conciencia acerca de que al asumir una postura y actitud más considerada en función de la sociedad y no simplemente de sus intereses personales o los intereses del grupo empresarial que le apoya, puede hacer que su papel en la sociedad logre establecer un punto de justo equilibrio y ecuánime interdependencia entre todos los actores sociales, lo cual en teoría debe repercutir en que desde dicha interdependencia se logre alcanzar un bien común en lugar de la búsqueda particular de los intereses de algunos pocos. Lo anterior es referido por Adam Smith quien sentenciaba que nuestras vidas transcurren en situación de dependencia mutua, y nos debemos algo los unos a los otros, lo que representa un valor de mayor peso desde una perspectiva a largo plazo.

Según lo anterior, considero que el tema más profundo que la ética del comportamiento debe abordar es con respecto no solo a ese tipo de conductas carentes de ética y tan normales en nuestra clase política, sino también respecto a permitir visibilizar las bondades de un proceder ético dados los beneficios que otorga a largo plazo, lo cual realza el valor instrumental de la conducta ética en función del interés propio pero con una repercusión positiva socialmente. En cierta forma, es trabajar para que emerjan normas de comportamiento no condicionadas por calculados intereses egoístas (políticos – clases elitistas), sino asociadas a ser las normas de comportamiento más apropiadas y convenientes para todo actor social. Es decir, conductas éticas que permiten llegar a acuerdos gana-gana.

Para el análisis de mi dilema ético, entiendo que el estudio del comportamiento asociado a unos valores éticos es en esencia un proceso que explora y explica las prácticas y discursos significantes para la sociedad desde el entorno político, a través del cual se revela el papel representado por el poder en la regulación de las actividades cotidianas, lo cual genera esa dinámica llamada lucha de clases, en donde una minoría elitista a través de sus valores antiéticos y del monopolio de los escenarios más representativos para ejercer control (economía, cultura, política, medios) intenta imponer su discurso de dominación, sobre una inmensa mayoría relegada, cuyo proceso de emancipación y lucha apela a vías de hecho, lo cual explica los fenómenos asociados a todo tipo de delincuencia y violencia. El anterior fenómeno social define el marco cultural que se visibiliza en todo nuestros conflictos internos y que rige nuestra sociedad en esa constante pugna entre la causa de los oprimidos versus los intereses de las clases pudientes, sobre la base de una ética y valores inexistentes o parcializados.

Ahora bien, realizando una contextualización con un acto clásico del poder como lo son las elecciones que se avecinan y haciendo más adelante un parangón con algunas de nuestras más tradicionales y representativas formas culturales las cuales evidencian nuestros valores éticos, considero interesante debatir acerca de cómo el idealismo de algunos discursos en contra de la política hegemónica tradicional, es silenciado no tanto por las prácticas corruptas de los politiqueros, sino por la indiferencia y apatía de una sociedad adormecida por tanto reality show T.V. y que acude a las urnas con desesperanza o por simple curiosidad, en un evento sociocultural que se repite comicios tras comicios. En mi siguiente análisis disertaré acerca de ese vínculo invisible que existe entre esa forma de poder y la cultura que crea, y por medio de la cual nos controla al imponernos unos valores y ética que apuntan a insensibilizarnos y adormecernos.

¿Pero quién vota por esos politiqueros que llegan al poder? He ahí la gran responsabilidad y culpabilidad de nosotros como sociedad. Pues seguimos en la resignación que es hija del discurso de los de arriba acerca del materialismo, la competitividad y el dios dinero, y con la cual terminan anestesiando conciencias y comprando dignidades, pues en su lógica: la economía debe crecer no importa el daño ambiental, no importa la exclusión social, no importan los valores, no importan las leyes, no importa el actuar correctamente, no importa nada. Lo anterior en palabras de Zemelman es la lógica del capitalismo globalizado.
Y para que la masa social no vea su subyugación necesita muy buenos distractores culturales tales como: la televisión para ver el último reality y sus concursos degradantes que no alimentan la razón, el estudio, ni la reflexividad acerca de nuestros problemas. Se nos da la farándula y la vida emociónate de los personajes populares e idolatrados, para que no hagamos una oración por la justicia e igualdad social ni tengamos un momento acerca de pensarnos como seres espirituales, con valores y que debemos actuar éticamente. También tenemos el futbol, mucho futbol que despierta y canaliza pasiones para que la lucha de clases no sea entre los desposeídos contra los opresores, sino más bien entre los hinchas pobres de Millonarios contra los hinchas más pobres del Santa Fe. Ahí tenemos toda una literatura de evasión para que la gente no vea y siga resignada e impotente confundiendo su existencia real con la existencia que le ponen en las pantallas de la TV, el cine, los noticieros o las telebobelas. Las anteriores frivolidades hacen olvidar lo que ocurre diariamente y hacen olvidar el discurso oficial que baja desde los poderes públicos a lo Samuel Moreno, baja desde las sentencias injustas de los tribunales a lo Jorge Pretel, baja desde la cátedra impartida por la Universidad San Martin, y baja desde el discurso adormecedor de los medios de comunicación. He aquí algunos de los más dignos representantes de la ética y valores que mueven a nuestra sociedad.

Ahora bien, según lo anterior me pregunto entonces si para la ética es más importante disertar amplia y vanamente sobre qué es la ética, o si mas bien debería replantear su funcionalidad y centrarse tal y como lo enfoca Adela Cortina, en abordar su discurso conceptual desde la perspectiva social acerca de para qué sirve la ética o como lo expone Amartya Sen, qué impacto puede tener la ética. Si se trabaja desde estos enfoques considero que la ética nos podría ayudar a un cambio de paradigma, pues al explicar el origen de esa seudocultura impuesta, a la gran masa social se le abrirían los ojos para que vean que sus hábitos culturales y hasta sus propios valores y conductas morales no son más que una imposición planificada de un forma de vida que enriquece y perpetua en el poder a los de siempre que son los que avalan la política del todo vale, la cual genera todo tipo de práctica corrupta, que es nuestro pan diario en los noticieros.

Amarrando la anterior disertación con lo expuesto por Amartya Sen, se infiere que el reconocimiento del principio de que las prácticas políticas no pueden ser avaladas, sin tener en cuenta el tipo de valores que subyace en los mecanismos de movilización social, pues su conducta ética debe estar relacionada con el efecto que tienen en las vidas y libertades de las personas que votan por ellos ya se sea de manera ingenua, ignorante o porque compraron su voto.







Según Amartya Sen, quienes se oponen a considerar que las libertades políticas son derechos políticos de las personas a las cuales todos tiene derecho, en forma característica no se niegan dichos derechos para sí mismos: el derecho de hablar, de expresarse libremente, de participar en la toma de decisiones, y así sucesivamente. A lo que tratan de oponerse es a la libertad política de otros, no a la libertad política para ellos. Por lo tanto, la necesidad de lograr la equidad es un elemento central dentro de la perspectiva de la libertad en general, y en particular de la idea de política entendida desde la finalidad de un estado social de derecho.

Según lo escrito por Óscar Alfranca Burriel en su artículo Ética y conflicto en el medio ambiente, puedo inferir las siguientes reflexiones con respecto al dilema ético planteado:

Alfranca propone el modelo: Ética y teoría de los juegos. La teoría de los juegos trata de formalizar conductas y comportamientos usando las reglas tradicionales de la racionalidad. Es decir, busca soluciones (resultados racionales) a los juegos (politiquería, corrupción). Por ejemplo, dos contrincantes políticos en campaña electoral luchan por el voto de los sufragantes. Los intereses son encontrados puesto que los dos candidatos representan no solo un ideal político diferente (liberal-conservador) sino que son auspiciados por dos poderes económicos rivales (Grupo Santodomingo y Grupo Ardila Lule). Una posible solución desde la racionalidad y que daría cierta cuenta de un comportamiento ético sería el de buscar una interdependencia en el sentido de no excluir ninguna de las más representativas y benéficas propuestas electorales de ambos candidatos, pese a que solo uno de ellos obtenga el mayor número de votos. En tal sentido, la elección de un solo candidato no excluye la propuesta del otro, quien puede también tener cabida en el plan de gobierno en justa proporción a la cantidad de votos obtenidos. Lo anterior evidenciaría un verdadero ejercicio democrático en representación de aquellos sectores minoritarios que tienen una ideología de pensamiento diferente. Dicha lógica racional reduciría drásticamente el que se apelara a conductas y comportamientos antiéticos y sus consecuentes prácticas de corrupción.

Según Alfranca, hacer uso de esta estrategia permite aceptar y justificar la existencia de comportamientos cooperativos, que podrían alcanzarse sin la existencia de autoridades coercitivas y punitivas o de un marco legal específico. Para nuestro dilema ético significa que se podría homologar por ejemplo, con lo innecesario que resultaría un código de ética en un entorno político donde gracias a unos acuerdos racionales todos ganan.




Por otra parte el mismo Alfranca plantea otro interesante modelo: El dilema del prisionero y el medio ambiente. Haciendo un parangón con mi dilema ético en cuanto a las prácticas corruptas en la política, puedo resumir que dicho modelo apelando también a un ejercicio racional, visibiliza un posible escenario futuro no muy bueno para ninguno de los actores sociales (políticos-ciudadanos) si todos optan por comportarse de manera antiética y sin ningún tipo de valores, puesto que dicho comportamiento no permite alcanzar el mejor resultado posible (Little, 2003). La idea básica es que a partir de la reflexión del dilema del prisionero se genere la conciencia de la importancia de actuar desde unas bases éticas y morales establecidas como reglas de juego, que permitan salvaguardar el interés general sobre el particular, pues no hacerlo llevaría al desastre y colapso social si todo el mundo se comportase de la misma forma (Poundstone, 1992), que precisamente es la forma de comportamiento que cada vez más es asumida por mayor cantidad de personas y que explica la corrupción tan grande que impera en todos nuestros círculos sociales.

Según lo escrito por Adela Cortina en su artículo Para qué sirve la ética, puedo inferir las siguientes reflexiones con respecto al dilema ético planteado:

La corrupción política que como un cáncer hace metástasis en todo órgano e institución del estado y la sociedad en general avizora casi de manera profética lo señalado por Cortina: “Ninguna sociedad puede funcionar si sus miembros no mantienen una actitud ética. Ningún país puede salir de la crisis si las conductas inmorales de sus ciudadanos y políticos siguen proliferando con toda impunidad”.

Por lo anterior y ante la corrupción politiquera reinante en nuestro país es necesario tener capacidad de indignación para poder no solo percibir las injusticias, sino hacer algo en contra de las mismas. Una indignación que reclama justicia para todos es un sentimiento ético. Por lo cual se debe intentar a manera de emancipación y lucha, mantener el acto mismo de pensar con autonomía. Es decir, es necesario vislumbrar el momento histórico y cultural en el cual nos hallamos inmersos, para así poder entender las intenciones ocultas de quienes promueven las prácticas corruptas, lo que nos debe proporcionar ideas y pensamientos acerca de cómo reaccionar. Pues no da tanto miedo la corrupción política en cualquiera de sus manifestaciones, da más miedo la indiferencia y adormecimiento de la sociedad evidenciado en el discurso de: siempre ha sido así, no tenemos dinero, no tenemos educación, expresando desde la bandera de un lema utópico “el pueblo unido jamás será vencido”.

Por otra parte y desde un enfoque diferencial, es interesante que mi dilema ético planteado, también pude ser analizado desde la siguiente perspectiva propuesta por Cortina: “En tema de elecciones no existe una voluntad del pueblo, sino las voluntades particulares de los ciudadanos, no existe un bien común sino intereses en conflicto, los gobernantes no han sido elegidos sino que han ganado una competición por los votos de los ciudadanos”.

El anterior enfoque hace que se redefina la participación de la sociedad y su responsabilidad como auspiciante, propagadora y promovedora de las prácticas corruptas de los políticos, y en tal sentido cobra vigencia el real poder que tiene la sociedad para impedir y frenar todo tipo de corrupción política, es decir se empodera a la sociedad, lo cual valida el postulado utópico de nuestra constitución en su Artículo 3: “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emana el poder público”.






La burla del artículo 3 de nuestra Constitución significa seguir entiendo la política no como la exposición transparente y responsable de un plan de gobierno, sino vista como una competencia en donde todo vale para conquistar o comprar el voto de los ciudadanos, lo que significa que en la realidad y gracias a dichas prácticas, el ciudadano queda relegado en un segundo plano y son las elites las que ocupan la vida pública bajo un doble discurso: el discurso de programas sociales que supuestamente benefician a los ciudadanos pero que realmente lo que hacen es enriquecer y perpetuar en el poder a los de siempre.

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